Por Daniel Nina
(San Juan, 1:00 p.m.) Parto de la premisa que todo el mundo ha leído a Antonio Gramsci. Por lo tanto, todo el mundo debe comprender que hoy Donald Trump, el emperador del nuevo y rediseñado imperio americano, se convierte en el eje o clase hegemónica. Nosotros nos hemos convertido, para bien o para mal, en sus subordinados. Por lo tanto, Trump define hoy la historia cultural que vivimos y lo peor que crea, redefine y es a la misma vez, la narrativa dominante. Pero Trump inventa o alucina en el 90 por ciento de los casos. Ese no es el problema. El problema es que nosotros lo toleramos, lo consentimos y le creemos. Salvo Renee Nicole Good, quien fue asesinada ayer por las fuerzas imperiales de Trump en Minnesota.
En Puerto Rico de forma ingenua y participativa hemos adoptado la narrativa que vivimos en el país mas fiestero, donde el baile, botella y baraja, son normales. No solo había pasado una la invasión, agresión y secuestro en Venezuela, mientras nosotros nos organizamos para celebrar el Dia de los Reyes Magos y ahora las Fiestas de la Calle San Sebastián. Pero, ¿cuántos cuestionan la política imperial de Donald Trump hoy? Se ha impuesto la complacencia, a gran escala en el territorio colonial de Puerto Rico.
Hoy brillan por su ausencia la protesta de los gremios de escritores, de abogados y abogadas, de profesionales de la conducta humana, de los criminólogos ante el asesinato de una poeta llamada Renee Nicole Good, a manos de agentes de las fuerzas de seguridad de los EE.UU., solo por ejercer su derecho a la libertad de expresión. No hubo legítima defensa. No hubo contacto. No hubo riesgo de vida humana. Simplemente no detuvo su vehículo, como forma de protesta ante el abuso que cometían los agentes federales contra unos migrantes.
Que los boricuas, todos y todas nosotros, ciudadanos de otra clase del imperio americano, tomemos nota de como se comportan los americanos de verdad. Esos protestan. Esos ofrendan su vida. Esos, como el gobernador de Minnesota, Tim Walz, desafían al presidente y movilizan a la Guardia Nacional para defender a los ciudadanos del estado. No son como la gobernadora de turno, Jenniffer González y el Partido Nuevo Progresista (PNP); o como el Partido Popular Democrático (PPD) y el Comisionado Residente, Pablo José Hernández Rivera, que ven una oportunidad económica, social y política en la militarización de Puerto Rico. Pero nosotros, como subordinados de la hegemonía imperial de Trump, consentimos y participamos voluntariamente.
¿Por qué no pedirle a Bad Bunny/Benito Antonio Martínez Ocasio que cancele su participación en la fiesta del juego de futbol? ¿Por qué no boicotear las fiestas de la Calle San Sebastián? ¿Por qué no obviar a los EE.UU. del Campeonato Mundial de Futbol y solo apoyar a México y Canadá?
Si no protestamos, consentimos. Si callamos, somos cómplices. Y si participamos [de las fiestas o de la narrativa imperial], somos coautores. Pensemos.
(El autor es editor jefe del Post Antillano, en Puerto Rico).






