El instinto de pintar, la vocación o el deseo están arraigados en todo ser humano, especialmente en la niñez. Con el tiempo, las distracciones y afanes del mundo nos desvían a enfocarnos en esta dimensión cargada que habitamos gracias al vehículo del cuerpo.
Pocos seremos capaces de indagar las razones y motivos de la vida, ya que nadie ha logrado responder el misterio de la misma. Ferreira Gullar, pensador brasileño, logró unir ese misterio al oficio del artista cuando afirmó: «El arte existe porque la vida no basta».
Fue Helena Blavatsky, fundadora de la escuela teosófica en el año 1875 en Nueva York, quien, a través del esoterismo, espiritismo y hermetismo, logró alcanzar, apoyada por la ciencia, esos «otros mundos» o dimensiones que solo podemos «visualizar» a través del arte.
Ejemplo de esto son Wassily Kandinsky, pintor ruso que fue parte del movimiento teosófico, al igual que la recién descubierta Hilma Al Klint, quien le ha dado un giro a la historia del «arte», ya que sus mapas y conexiones que visualizó de otras dimensiones son considerados «por los expertos en arte» que ella estuvo haciendo «arte moderno» antes que Picasso.
Dicho esto, mi propia especulación en cuanto a todas mis creaciones es que «eso» que llamamos «arte», en verdad son las dimensiones que como receptores logramos alcanzar y que indican el nivel de espiritualidad que el creador tiene en el momento de crearla.
Todo aquel que pinta abstracciones o intenciones inexplicables, como símbolos o formas que evocan un lenguaje, en verdad está mostrándonos mundos desconocidos que no lograremos definir, ya que no estamos habilitados por nuestras limitaciones humanas.
No hay otra explicación para entender, ¿cómo es posible que a «alguien» le guste algo que no entiende? La explicación lógica que yo veo es que el espectador queda atraído por el lenguaje de «ese creador específico» porque su subconsciente está conectado a esa dimensión y logra «entenderlo».
Pero la conciencia es otra cosa. El subconsciente no logra comunicarse con la consciencia; solo «se percibe» ese placer o entendimiento, como un sentimiento. La consciencia está vedada a revelarse en nuestra condición humana, ya que de hacerlo, sería iluminarse y eso interferiría en el «propósito o destino» por el que estamos aquí.
Cada uno de nosotros tiene la capacidad de pintar y de seguro encontrará millones de personas que adorarán los disparates que otros vean. Por esto es que «juzgar» «el arte» es juzgar parte de la creación y del misterio de la vida que así nos parezca «absurda»; como dijo Schopenhauer, no lo es.
El arte existe porque la vida no basta; podemos seguir llamando «arte» a estas conexiones y seguir escuchando todas «las mentiras» del artista tratando de explicar lo que no tiene explicación, es decir, si la tiene, pero nunca podremos acertar el mensaje, solo cuando hayamos abandonado el cuerpo y nuestra alma recobre la consciencia atada a esta dimensión humana. Salud!. Mínimo Artero
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).







