Redacción (Rt.com).- Un estudio sugiere que algunos planetas exteriores del sistema solar podrían desaparecer mucho antes de lo que se pensaba: no dentro de un billón de años, sino apenas unos miles de millones de años después de la muerte del Sol, recoge Phys.org.
Cuando el Sol agote su combustible nuclear, se transformará en una enana blanca, un objeto muy caliente y denso. Hasta ahora, muchos científicos creían que las órbitas de los planetas gigantes podrían mantenerse ordenadas durante unos 100.000 millones de años tras ese proceso.
La nueva investigación, publicada en The Astrophysical Journal Letters, analizó cómo el Sol perderá masa en ráfagas discretas mientras atraviesa esa transformación. Para ello, los autores combinaron un modelo de evolución solar con simulaciones de las órbitas de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Un panorama desolador
En total, probaron 672 escenarios distintos, con diferentes formas e intensidades de pérdida de masa, y siguieron la evolución de esos sistemas durante 3.000 millones de años. En la mayoría de las simulaciones con ráfagas intensas, hasta el 96 % de los sistemas se volvió inestable antes de ese plazo.
Aproximadamente el 40 % sufrió una disrupción o dispersión violenta incluso antes de que el Sol terminara de desprenderse de toda su masa. En algunos casos, los planetas eran expulsados del sistema; en otros, Urano y Neptuno intercambiaban órbitas. Solo en algunos escenarios más suaves aparecieron configuraciones estables durante 3.000 de millones de años.
Aunque la Tierra probablemente desaparezca mucho antes, el estudio sugiere que tampoco los gigantes exteriores estarían a salvo. Si estos resultados se confirman, el final del sistema solar más lejano sería mucho más rápido y caótico de lo que preveían los modelos anteriores.
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