El nuevo fascismo se sustenta en una base ideológica racista que ha perdurado a lo largo de la dominación imperialista occidental… apoyada en una supremacía blanca y sustentada en la supuesta superioridad de los conquistadores y dominadores blancos.
En Asia, África y América Latina y el Caribe el racismo ha acompañado al saqueo imperialista, la explotación y sobreexplotación en las etapas precapitalista y capitalista del coloniaje.
En estos tres continentes, el colonialismo y el neocolonialismo europeo y norteamericano han tenido una fuerte tendencia racista.
En esta isla, Haití ha sufrido los peores impactos del racismo a cargo de las grandes potencias colonialistas e imperialistas, específicamente de parte de Francia, EEUU y Canadá.
Pero también Haití y su pueblo han sido sometidos a un intenso y creciente despliegue de racismo anti-haitiano, ejercido en su contra por la clase gobernante-dominante dominicana de mentalidad pro-española.
Las elites sociales y políticas dominicanas han logrado contaminar a una gran parte de la población de una de las variantes de la ideología racista, fomentando el menosprecio a la africanidad y estigmatizando la negritud del pueblo haitiano.
Ese racismo anti-haitiano ha llegado al extremo de tratar de imponer una prohibición fascista al fútbol haitiano en RD.
El autor visible de esa medida despótica y draconiana contra el deporte insular y continental, ha sido el Ministro de Deportes Kelvin Cruz.
El padrino mayor de la misma es Luis Abinader en su condición de administrador del protectorado yanqui en este país.
Es claro que tal decisión fue concertada en el Palacio Nacional, sede de un gobierno cada vez más proclive a asumir viejas y nuevas modalidades de fascismo con una fuerte impronta anti-haitiana.
La decisión de prohibirle a Haití competir en futbol en todos los estadios del país se decidió después de la realización de la competencia del pasado jueves 1 de octubre en el Estadio Félix Sánchez del Centro Olímpico.
La asistencia a esa competencia fue desbordante, al punto de registrarse una asistencia de 50 mil personas, con gran presencia, como es natural, de la inmigración haitiana.
Ambas gradas están diseñadas para 25 mil fanáticos, 12 mil una y 13 mil otra, pero permitieron la entrada de 50 mil.
Ese juego de la denominada LIGA DE NACIONES lo ganó Haití 4 goles a 1.
El ministro alega un desorden y daños a puertas del Estadio, que la reseña del diario Hoy en su sesión de DEPORTES del viernes 2, no recoge.
Tampoco se presentan fotos que muestren los hechos y los daños, cuando el sábado 3, Kelvin Cruz, anunció la prohibición en ese mismo diario.
Pero aun fuera cierto el desorden, no se trata de algo extraño ni de una provocación necesariamente intencional en tales circunstancias de sobrepoblación tolerada y rivalidad histórica agravada.
No ha mediado investigación del desorden, ni precisiones de sus circunstancias, ni establecimiento de responsabilidades en personas físicas en medio de una concurrencia grande y diversa.
Hechos así, se producen en circunstancias parecidas y a nadie se le ocurre prohibir.
Ni Kelvin Cruz, ni Abinader, tienen poder para prohibir competencias deportivas.
Para esos fines existen normas olímpicas, reglas de las Federaciones de Fútbol y de la propia de la Liga de Naciones.
Esto es abuso y arbitrariedad que agrava la rivalidad. En fin, torpe reacción racista y nueva expresión de odio fascistoide.
narcisoisa@gmail.com
(El autor es dirigente político residente en Santo Domingo, República Dominicana).







