Aquí estoy, luchando contra mí mismo en este «vacío» silencio negro de la noche, donde solo participo desde las difusas brumas de mi alma.
Un alma sin penas, pero tampoco glorias de que ufanarse. Un latido leve que tamborea sin opciones y sin saber el porqué del latir y hacia dónde…
Sí, aquí estoy, intentando darle sentido al sin sentido. A esta máquina humana de sangre y sentimientos que corren a velocidades inhóspitas e indiscretas.
Aquí estoy de frente o de lado o de espaldas; da igual. Como quiera, estoy y es imposible que desaparezca en la magia atómica que me trajo aquí, desde siglos atrás.
No puedo encontrar el sentido de mis pasos pasados y de los presentes, de los futuros, ni me preocupo en saber. ¿Qué sabemos del todo y de la nada? Nada…
Sin embargo, aquí estoy haciéndome preguntas imposibles, que tantos otros se hicieron antes, dando paso a «eso» que llamamos «filosofía». Algo parecido a «esas» otras preguntas que no tienen respuesta, como Dios, por ejemplo…
Pero estoy aquí, preguntando de todas maneras, como si con ello abrigara «una magia» que conteste. No solo lo trascendental, sino lo fundamental también. Esto que nos hace interactuar y conocernos y querernos y matarnos… Como la guerra, por ejemplo.
¿Quién creó todo este desmadre de gente y animales e insectos y todo lo viviente y los metió en un mundo para que se comieran entre ellos?
Mi corazón anuncia tormentas, otras tempestades amenazan mi integridad temporal, acosada de vicios y mañas no permitidas a la «máquina perfecta» que nos fue asignada.
Una máquina capaz de amar y matar a la vez. De hacer cualquier cosa con tal de «sobrevivir» un tiempo más ante un espectáculo de luces y sombras llamado Tierra.
Sigo aquí, sin saber si llorar o reír o maldecir o agradecer, por seguir vivo, sin entender: ¿Para qué? Si esto de llorar un día y reír el otro es parte de un «humor sádico» insertado o adquirido en algún proceso del camino.
Todavía estoy aquí, lanzando latidos desde el silencio de mi mente para alcanzar la tuya y despertarla y salir juntos volando por las noches cuando todos duermen y el mundo es solo nuestro.
Un mundo que no sabe qué hacer con nosotros. Destructores, constructores, hurgando sus entrañas y abriendo surcos de concretos muertos en millas de distancias que, como venas, trazan caminos que terminan en cementerios bélicos de armas sin almas.
Hacen falta poetas alegres y, sin embargo, aquí estoy, esperando por ti… ¡Salud! Mínimo Estoyero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).





