Cuando Rodrigo de Triana gritó: ¡Tierra! Desde lo alto de la carabela «La Pinta», en el viaje del descubrimiento de Cristóbal Colón, sería el primero del viejo mundo en ver al nuevo mundo, pero no «el observador» de este…
La diferencia de ver u observar es mucha, así ambas partan del mismo «punto de vista»…
Sin embargo, donde más podríamos notar la diferencia es precisamente en nuestras propias entrañas.
Uno no siempre observa lo que mira, pero también muchas veces no mira lo que observa… ¡Agárrense, que este latido promete muchas curvas bordeadas de acantilados!
Dentro de nuestros pensamientos, percibimos, intuimos, «sospechamos» que hay «alguien» más allá de nosotros, que no logramos develar aunque sintamos que somos nosotros mismos…
«Ese otro», que efectivamente es uno mismo, viene a ser «el observador silencioso» que sabe, pero no dice quién realmente es, porque también sabe que si lo dice, dejará de ser… o en verdad «volverá a ser»…
El observador observado somos nosotros observados por quien realmente somos; ¡se los dije que este latido iba a estar de infarto!
«Ese observador» es quien «boicotea» todos nuestros pensamientos al no dejarnos concentrar en uno solo y continuamente nos echa uno detrás del otro, haciéndonos un collage de imágenes que nunca terminan de sintetizarse.
Cuando uno en verdad observa, se logra un grado de meditación y discernimiento que nos ayuda a reflexionar sobre el tema o asunto.
La observación logra enfocarse en una cosa y eso ayuda a resolver los dilemas con mayor eficacia. El problema es que casi nadie se toma el tiempo para pensar en ello.
Observar, no siempre se trata de «ver», como ya insinué antes, sino de desentrañar desde el fondo de nuestra mente la mejor manera de afrontar lo que nos afronte.
El observador sabe que no sufrirá por nada que le ocurra al «robot» o personaje que está asumiendo, porque incluso sabe del «programa programado» en cada uno de nosotros.
Se mantiene al margen, pero al borde mismo de ambos mundos desde donde, y muy cómodamente, percibe el frío del viejo mundo a la vez que se baña del calor del nuevo y a donde podrá gritar desde lo alto del mástil de esta calavera en la que andamos: ¡Tierra! Las veces que quiera volver a tirarse en las arenas blancas con las bronceadas indias mirando más, sin necesidad de «observar nada». ¡Salud!. Mínimo Observero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).





