La familia es la bendición principal que tiene un ser humano, porque como es bien sabido, en ella nos formamos en valores universales, educación domésticas…, donde casi siempre la carga de acciones totales o las más importantes, recaen en la madre. Por aquello de que esta es en la generalidad, quien se queda o asume la guía de sus descendientes. Pero, sea esto por imposición o necesidad, la mamá, con su papel fundamental: ser pilar de la crianza, es quien más esfuerzos, sacrificios y empeño pone en el proceso de formación.
La madre se desvive por formar hijos e hijas desde el amor, para que aprendan a comunicarse de forma asertiva, exhiban respeto por ellos mismos y sus semejantes. Luego de parir, también es el ser humano clave para fomentar una vida sin violencia, pese a que hoy en su entorno, ella la sufre. En ocasiones hasta filial y patrimonionial. También, educa para que sus descendientes sean independientes, personas con autoestima fortalecida, seguros de sí mismos…
Por eso, sean estas líneas encomios a las madres dominicanas: a las de la patria, a las presentes, a las heroínas anónimas o erróneamente invisibilizadas por la sociedad, y a las que hoy tienen morada celestial…, asimismo, exaltamos su dignidad. Se presenta respeto al ser humano único, sin par, al que la vida terrenal no nos alcanza para agradecer su valía, lucha y sacrificios. Mamá es el amor más dulce, la primera y única maestra infinita, «ella sostiene nuestras manos en la niñez, y de por vida nuestro corazón».
Es por tal motivo que hoy y siempre, las enaltecemos. La madre es llamada por el Manual de Instrucciones: La Biblia, el pilar fundamental de la familia y la transmisora de sabiduría. El libro sagrado resalta su honra y obediencia a Dios; sapiencia, enseñanza y amor incondicional. Como bien reza su himno: «¿Quién como una madre?».
Salmos en su capítulo 139, versículo 13, expresa: «Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras…». Gratitud al Padre Creador que nos regaló la bendición de tener una madre; encomio a su vida.
Honramos su legado vivo de luchas y desafíos para lograr el bienestar familiar y el desarrollo integral de sus hijos e hijas, en este complejo siglo, que a la par desarrolla labores propias de los títulos académicos o técnicos alcanzados, con el rol de mamá. Como consecuencia obtiene cansancio, gran carga a su salud física y mental. Pero este aspecto casi siempre pasa desapercibido o no es observado, atendido y agradecido por quienes forman parte de su núcleo familiar.
Las madres de hoy ante las actuales demandas sociales, hacen malabares para que toda su familia goce de felicidad, a veces en detrimento de la suya, y esto no es correcto. Su salud biopsicosocial y cuidado emocional es importante. Por consiguiente, es necesario que desmontemos la constante presión cultural para que estas crean, sean, y luchen constantemente por ser perfectas: «supermamás». Un mito, que las hace vivir agotadas en su labor diaria como guía de familia, profesional, pareja, ama de casa, carga social como apoyo emocional y en salud…, de su núcleo familiar, aunque vivan con precariedades de todas índoles.
Gratitud eterna a nuestras madres, dignas, sacrificadas, dulces, solidarias, único ser capaz de ofrecer su vida si es necesaria para que sus hijos e hijas tengan bienestar. «Muchas mujeres han realizado proezas, pero tú las superas a todas». Proverbios, capítulo 31. El amor de nuestras progenitoras es tan incondicional, que Dios nos asegura en Isaías 66, que como una madre consuela a su hijo, así él, nos consolará. iGracias Padre, por regalarnos mamá, un ser humano dador de vida, empático y resiliente!.
Hasta pronto.
santosemili@gmail.com
(La autora es educadora, periodista, abogada y locutora residente en Santo Domingo, República Dominicana).









