Por Jhonny Trinidad
Cada cambio de gobierno en República Dominicana trae la misma película en el Consulado General en Nueva York: cancelaciones masivas de empleados. La práctica no es nueva, pero en 2026 sigue pasando factura a la única parte que no tiene culpa: el usuario.
EL CICLO DE LA INESTABILIDAD
Llega un nuevo cónsul y, con él, una barrida de personal. Vicecónsules, auxiliares, digitadores, choferes, seguridad. Algunos con 10 y 15 años de experiencia, que conocen el sistema, los casos complejos y a la comunidad, salen de un día para otro. Entran caras nuevas que deben aprender desde cero cómo funciona la ventanilla de pasaportes, el sistema de poderes o el registro civil.
¿Resultado? Citas más lentas, errores en documentos, filas que dan la vuelta a la manzana y usuarios que pagan los platos rotos.
La curva de aprendizaje no la asume el gobierno, la asume la señora de El Bronx que perdió su día de trabajo porque su acta salió con un apellido mal escrito.
EL COSTO OCULTO DE «LIMPIAR LA CASA»
Pérdida de memoria institucional: Se van técnicos que sabían destrabar el sistema cuando se caía. Se va gente que resolvía casos de doble nacionalidad en 20 minutos porque ya se sabía el procedimiento de memoria.
Clientelismo vs. servicio: Cuando el criterio para nombrar es el carnet del partido y no la competencia, el consulado se convierte en agencia de empleos. Y el servicio consular no puede darse ese lujo: atiende a 800 mil dominicanos.
Desmotivación: El empleado que entra sabe que en 4 años puede estar fuera, sin importar su desempeño. ¿Para qué especializarse, para qué dar la milla extra, si el próximo agosto llega otro equipo?
No todo nombramiento es malo, pero todo despido duele.
Nadie dice que un cónsul no tenga derecho a armar su equipo de confianza. El problema es cuando se confunde «equipo de confianza» con «cancelar por cancelar». Hay personal de carrera consular que ha sobrevivido tres gobiernos porque trabaja bien. Ese personal debe blindarse.
Otros consulados como el de Madrid o Miami han empezado a crear plazas administrativas por concurso. No perfecto, pero es un inicio. Nueva York, que es el consulado dominicano más grande del mundo, no puede seguir operando como comité de base.
¿QUE DEBE CAMBIAR?
Servicio Civil Consular: Crear un escalafón técnico. Que el 60% del personal sea de carrera y solo rote el personal político. Así, si cambian al cónsul, el consulado sigue funcionando.
Período de transición obligatorio: 90 días de empalme entre salientes y entrantes. Que el nuevo digitador aprenda del que se va antes de cancelarlo.
Evaluación pública: Que el MIREX publique cada año cuántos empleados tiene cada consulado, cuántos fueron cancelados y por qué.
Transparencia mata rumor. Respeto a la ley: El Estatuto del Servicio Exterior dice que los funcionarios de carrera solo pueden ser removidos por causas graves. Hay que aplicarlo.
La diáspora sostiene al país con US$10,000 millones en remesas al año. Lo mínimo es devolverle un servicio estable, profesional y sin sobresaltos cada cuatro años.
Cancelar empleados por política es fácil. Lo difícil es explicarle a un dominicano en Yonkers por qué su pasaporte lleva 4 meses «en proceso» mientras el consulado entrena gente nueva.
El servicio exterior no es un botín. Es la cara del país frente a su gente más productiva. Y esa cara, hoy, necesita cirugía mayor: menos cancelaciones, más carrera.
jhonnyt2.5@hotmail.com
(El autor es periodista residente en Nueva York).







