Era el año 1972, recién ingresado en la Facultad de Humanidades de la UASD, entré a la oficina del decano, que lo era el poeta Abelardo Vicioso, y le entregué un poema para que lo leyera y me diera su opinión. Regresé al día siguiente a retirarlo y tras decirle “profesor, soy el estudiante que le dejó a un poema para su consideración”, volteó su rostro hacia mí y me dijo: “Ah, usted es la gran promesa”.
Dirigió un comentario sobre el texto y unas palabras de estímulo y salí pletórico de entusiasmo. El estímulo a un neófito es un premio, aunque no incluye trofeo ni diploma ni dinero.
En cambio, el premio, siendo, como es, un reconocimiento a lo hecho por el galardonado se torna en un estímulo. Me parece que el autor, sin importar que sienta que ha dejado de ser novel, valora como un estímulo la premiación. Estímulo y premiación juegan roles afines, sin que no siempre lo adviertan los responsables de una y otra acciones.
El aspirante a escritor o a periodista a quien un maestro o profesional avezado llama promesa debe conservar ese elogio, y al mismo tiempo ocuparse de su desarrollo para realizar la obra que de él se espera, por cuanto es una promesa. El estímulo induce al individuo a actuar, a poner en funcionamiento sus capacidades.
Me parece que entre las actividades escriturales subyace un entronque común, dado que tienen el idioma como instrumento de trabajo, pero las ramas de la escritura demandan aptitudes particulares en consonancia con lo que quiere ser y hacer cada cual.
La invitación dirigida por Logomarca para esta actividad refiere que el reconocimiento va dirigido a tres pesos pesados de la escritura. En algunos deportes, como el boxeo, la categoría de los participantes se mide en función de su peso corporal y el peso pesado viene a ser la máxima posición. Me parece muy halagüeña la consideración, al menos en lo que a mí respecta, porque solo la aplicación de esa imagen literaria a mi persona resulta un premio.
Lo asumo como la más alta valoración de mi quehacer literario. Es de rigor que termine estas palabras expresando mi sincera gratitud a Logomarca y a las personas que asesoran a la empresa en esta valiosa premiación denominada Pluma a la Excelencia. Gracias.
(Parte del discurso pronunciado al recibir el premio Pluma a la Excelencia 2026, el día 21 de abril, otorgado por Logomarca).
literario. Es de rigor que termine estas palabras expresando mi sincera gratitud a Logomarca y a las personas que asesoran a la empresa en esta valiosa premiación denominada Pluma a la Excelencia. Gracias.
(Parte del discurso pronunciado al recibir el premio Pluma a la Excelencia 2026, el día 21 de abril, otorgado por Logomarca).
rafaelperaltar@gmail.com
(El autor es periodista y escritor residente en Santo Domingo, República Dominicana).






