Ahora que el ego del presidente Trump «ha logrado» satisfacerse y desviar la atención de su «sospechoso» involucramiento en el caso Epstein, que amenaza con hacerle perder la presidencia, estamos atentos a ver cómo sale del lío de Venezuela.
En los años 50, los gobiernos norteamericanos pusieron de moda las dictaduras en muchos países del mundo, especialmente en América Latina. Imponían a «un individuo», independientemente de su oficio, al que pudieran manipular a su antojo.
Cualquier asomo de rebelión o «desacuerdo» con el gobierno gringo era causa de destierro, prisión o asesinato. Nada distinto a los rusos…
El caso es que «los seres humanos» abogamos por un mundo mejor, donde «no nos jodan» y nos permitan ser libres de escoger lo que nos dé la regalada gana.
Por lo menos eso es lo que más promueve la Constitución norteamericana, pero al parecer esos principios solo son «aplicables» a sus fronteras.
El mundo es otra cosa y «manipular, extorsionar o robar» está permitido fuera de ellas. Considerar a «los demás» como «seres de otra raza», a los que podemos insultar, invadir y discriminar, no es humanista.
Nada de lo que digo me lo inventé yo; ahí está la historia y sus hechos. Que se me acuse de «comunista» o malagradecido no deja de sostener «esa verdad» que la mayoría «ignora» o prefiere resignarse a aceptar.
Ahora, con la «justiciera» o «denigrante» remoción del presidente Maduro, nos preguntamos: ¿por qué no se hizo lo mismo con Trujillo, Somoza o Pinochet, todos dictadores por décadas y colocados por los gringos?
¿Por qué no Fidel Castro o Humberto Ortega, quienes no fueron «sus socios» ni impuestos por ellos? Me pregunto si la gente se hará estas preguntas antes de acusarnos de comunistas.
Al parecer, a los gobiernos yanquis solo les interesa «qué se pueda sacar de ese país» y la gente, es decir, nosotros, les valemos madre. Bueno, eso ya lo sabíamos, pero preferimos seguir de serviles y «migajosos».
Hoy, hablando con un veterano, le escuché en dos ocasiones mencionar la «Doctrina Monroe», emitida en 1823 por el presidente James Monroe, y que «advertía» a las potencias europeas de no intervenir en el continente americano, que va desde Chile hasta Canadá, para quienes no lo sabían…
Decía: «América solo para americanos», pero ¿cuáles americanos? Le cuestioné, bueno, antes se entendía todo el continente, pero «las nuevas generaciones gringas» no saben mucho de historia y menos de geografía; ahora, los más incultos, entienden que «los americanos» son solo ellos, y por eso se sienten «con el derecho» de hacer y deshacer…
Pero como ya me desvié del título de este latido, vuelvo a preguntar: ¿tiene el «hermoso» presidente Trump un plan B para Venezuela? ¿O simplemente negociará, por no decir «impondrá», que los que aún están se atengan a su mandato?
Ya satisfizo a los que clamaban por descabezar «esa dictadura», no afín a ellos, y era apresar a Maduro. Pero Maduro no está solo; ninguna dictadura puede sostenerse sin el apoyo de «alguien»: empresarios, políticos, asesinos, prelados y prácticamente todos los que se benefician de ella, sea por razones económicas o por miedo…
La revolución bolivariana no era Chávez solamente, ni Maduro, ni quien venga; la revolución bolivariana fue precisamente, junto a la cubana o la nicaragüense, la oposición a ser manipulados por «esa doctrina» neocolonialista que, sacando a los colonialistas europeos, se atribuyó el nuevo amo del continente…
Decir la verdad no me hace antigringo ni anticomunista; es simplemente información al alcance de todos, pero al parecer «estar informado» nos hace «sospechosos»…
Me imagino, conociendo a Trump, que «este capricho» del «infante terrible» no calculó qué. Después de capturar su trofeo, ahora están «buscando» cómo continuará el asunto, aparte de los beneficios, sí calculados, que tomarán.
Tendrá que bombardear un poco más hasta «borrar los rastros» que huelan a chinos, rusos o iraníes; un asunto «inaceptable» para un país capitalista que promueve el capital en el mundo, pero «sin tocar» «su patio trasero», otro insulto más para «los americanos de segunda clase»…¡Salud!. Mínimo Bebedero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).









