Así como un rayo aparece y desaparece al instante, también yo no estaré para siempre. Ni mis manos, ni todo lo que con ellas he construido.
No estaré en las mañanas, ni en las tardes, ni debajo de tu falda, ni tu falda. No estaré en las noches, ni en tus sueños ni en los míos.
Ni aquella habitación que callaba en solitario cuando dormíamos o cuando la abandonábamos al despertar.
No estaré porque no soy más que un sueño que siempre despierta en otra parte. Que nunca prevalece a pesar de los recuerdos y las memorias nostálgicas que voy dejando como una estela emulando la serpiente.
Ni tus ojos, ni la luna, ni la montaña, ni el sol. No estaré como nunca estuve ayer, ni estaré mañana, porque nunca existió lo que fue ni lo que será. No estaré en el pasado, ni en el futuro, ni en este ahora que no se detiene.
No estaré, como el viento, o los colores, o esa mar que ruge en olas de infinitos lamentos. Sonidos que claman intenciones de extraños mensajes nunca dichos, ni entendidos, ni buscados.
Ni la sábana blanca que cae en lento silencio, agarrada de las manos de mi madre, ni el niño que estuvo esperando sus caricias.
No estaré ni en el coqueteo danzorico de las mariposas en mi patio. Ni en las palabras de mi abuela fallecida hace 50 años.
No estaré como tampoco ella estuvo, ni sus padres, ni los padres de sus padres, ni los tiempos de los tiempos de los tiempos.
No estaré porque nunca estuve, ya que nunca estoy, como tú o los demás. Porque nunca está lo que termina. Ni estos principios, ni sus recorridos, ni estas palabras que crees leer.
No estuve, no estoy, no estaré. Porque es imposible entender la nada entre un todo que se divide entre todos y todos, sabiéndonos uno, ilusoriamente alimentamos al ego que intenta alcanzarse en un Dios.
¡No estaré… ¡Salud!. Mínimo Estanero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).








