sábado, 24 junio 2017 3:35:43 pm

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Te imagino en el baño...

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Por Melba Grullón Ubiñas

Cuando fui Coordinadora General de la Semana Dominicana en los Estados Unidos, viajamos a Puerto Rico, Miami, New York y Washington en compañía de muchas personalidades reconocidas.

Teníamos quince anfitriones: Departamento de Estado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras, Bankers Club del Banco Popular de Puerto Rico, Centro de Recepciones del Gobierno de Puerto Rico, Consulado Dominicano en Miami, Council of The Americas/Americas Society, en New York, Dominican American Chamber of Commerce, United States Chamber of Commerce, United States Department of Commerce, Center for Strategic & International Studies, American Chamber of Commerce of the D. R., Inter-American Development Bank, Inter-American Investment Corporation, Manatt, Phelp & Phillips y Georgetown University.

En esa oportunidad, compartimos de cerca con Secretarios de Estado (ahora llamados Ministros), Embajadores, Catedráticos, Banqueros, Presidentes y Directores de grandes empresas nacionales e internacionales, eminentes abogados, economistas y profesionales de diversas áreas.

El programa, de más de veinte actividades, incluía hasta un almuerzo empresarial en Washington, con el Presidente de nuestro país como orador principal.

Y precisamente en Washington, mientras asistíamos a una reunión en el Banco Interamericano de Desarrollo, se nos presentó la necesidad de hacer una llamada internacional, con carácter de urgencia, y estábamos buscando un teléfono celular prestado.

Sin pensarlo dos veces, me dirigí a uno de los expositores invitados, el señor Jorge Iván Ramírez: "Jorge, por favor présteme su teléfono para hacer una llamada!". Él, con gentileza y caballerosidad, accedió.

Mi jefe, al escucharme, me miró con sus ojos muy abiertos, mientras se acercaba para corregirme: "y esa falta de respeto? Cómo que Jorge? Ese es el Presidente de Codetel!", me dijo.  Y yo respondí: "Sí, lo sé. Se llama Jorge. Y, precisamente por ocupar ese cargo, creo que él es la persona más indicada para prestarnos su teléfono".

Pero él insistía en hacerme notar el cargo del señor al que le estaba solicitando un favor y que yo me había dirigido a él por su nombre. Y le expliqué a mi jefe, que cuando ese señor se dirigía a mí, me llamaba "Melba", y que yo no veía cuál era la diferencia.

Mi jefe respiraba profundo y se ponía la mano en la cabeza cuando se daba cuenta la imposibilidad de que un "cargo" me impresionara; mientras, yo me reía, acordándome de una sugerencia que leí, la cual consiste en imaginarnos, por ejemplo a una personalidad "de alta alcurnia" que nos presenten, que esa persona está sentada en el sanitario, haciendo lo que todos hacemos allí.

Esa sugerencia es para evitar ponernos nerviosos o sentirnos intimidados ante egos inflados por la efímera intrascendencia de un título o cargo, y también para lograr ver a todos en su justa dimensión, como simples seres humanos cumpliendo su papel, desempeñando un rol, en esta película que es la vida.

Esa escena imaginaria me ayuda, para sonreír de manera muy espontánea al conocer u observar a ciertas personalidades, y mantener el enfoque en la igualdad humana que compartimos.

Escrito por Redacción

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